El 24 de marzo de 1946, en una habitación del Hotel do Parque de Estoril, en Portugal, encontraron muerto a Alexander Alekhine. Tenía 53 años y seguía siendo campeón del mundo de ajedrez. Es el único campeón de la historia que murió con la corona puesta, y su muerte todavía genera preguntas.
De Moscú a la cima del ajedrez
Alekhine nació en Moscú el 31 de octubre de 1892. Jugador de enorme imaginación, combinaba un ataque feroz con una preparación de aperturas adelantada a su tiempo.
Su gran momento llegó en Buenos Aires: entre el 16 de septiembre y el 29 de noviembre de 1927, le ganó el título a José Raúl Capablanca por 18,5 a 15,5. Durante ese mismo match obtuvo la ciudadanía francesa. Perdió la corona frente al neerlandés Max Euwe en 1935 y la recuperó en la revancha de 1937.
La guerra y la sombra sobre su nombre
Durante la Segunda Guerra Mundial, Alekhine siguió jugando torneos en territorios bajo ocupación alemana. En 1941 aparecieron en la prensa europea, con su firma, una serie de artículos antisemitas titulados "Ajedrez judío y ajedrez ario". Alekhine sostuvo después que no los había escrito tal como se publicaron y que las autoridades nazis los habían alterado, pero la polémica lo persiguió hasta el final.
Al terminar la guerra quedó aislado: lo excluyeron de torneos, estaba enfermo y vivía con muy poco dinero en Portugal.
Una última oportunidad
En marzo de 1946 apareció una salida. El 23 de ese mes, la Federación Británica de Ajedrez confirmó los preparativos para un match por el título entre Alekhine y el soviético Mijaíl Botvinnik. Era la oportunidad de volver a jugar al máximo nivel. Al día siguiente, Alekhine estaba muerto.
Lo que dice la autopsia
Según el relato más difundido, un camarero lo encontró al llevarle el desayuno. La autopsia, firmada por el doctor António J. Ferreira, concluyó que la causa fue una asfixia provocada por un trozo de carne que se le había alojado en la laringe.
Sin embargo, algunos detalles no terminan de cerrar. Las primeras crónicas decían que lo hallaron desplomado sobre la mesa, con la cena intacta; la célebre fotografía del cuerpo muestra otra escena. Esas contradicciones alimentaron todo tipo de hipótesis.
Las teorías que nunca se cerraron
- Un ajuste de cuentas: que lo hubiera matado un grupo vinculado a la Resistencia francesa, por su supuesta colaboración con los nazis.
- Un suicidio: por la depresión, la enfermedad y la ruina económica de sus últimos años.
- Una versión distinta del forense: circuló la idea de que el propio médico se habría retractado años después, pero nunca se pudo verificar.
Ninguna de estas teorías desplazó a la versión oficial, pero tampoco se pudieron descartar del todo. Por eso, ochenta años después, la muerte de Alekhine sigue siendo uno de los grandes misterios del ajedrez.
Qué pasó después
Alekhine fue enterrado en Portugal. En 1956 sus restos se trasladaron al cementerio de Montparnasse, en París, donde hoy tiene un monumento. Como murió siendo campeón, el título quedó vacante y la FIDE organizó en 1948 un torneo para definir al nuevo campeón: lo ganó Botvinnik, el mismo rival con el que Alekhine estaba por enfrentarse.
Su legado en el tablero
Más allá de la polémica, Alekhine dejó algunas de las partidas de ataque más brillantes de la historia y una forma de preparar las aperturas que hoy es la norma: estudiar a fondo los planes de cada sistema antes de sentarse a jugar. Si querés trabajar tu repertorio con ese enfoque, mirá los cursos de aperturas de Ajedrez Estelar.
Imagen: Alexander Alekhine (izquierda) frente a Edgard Colle en 1925. Agence de presse Meurisse, dominio público, vía Wikimedia Commons.